- Conocía muy bien tu piel dorada,
- la señal de peligro de tus ojos azules.
- Sueños de profesor que comenzaba
- a perder su futuro. Hace mucho surgiste
- entre aquellos muchachos y muchachas
- del bar acristalado de nuestra Escuela blanca,
- desde donde veíamos el mar.
- Me preguntan quién eres. Quizás, un día, expertos
- en soledad y en crímenes pasados
- buscarán, amparada en las palabras,
- la sombra de tu nombre y no hallarán
- sino cartas violeta de la noche
- y el rastro, entre papeles, de unos ojos azules.
- Habernos conocido
- un otoño en un tren que iba vacío;
- La radiante, aunque cruel
- promesa del deseo.
- La cicatriz de la melancolía
- y el viejo afecto con el que entendemos
- los motivos del lobo.
- La luna que acompaña al tren nocturno
- Barcelona-París.
- Un cuchillo de luz para los crímenes
- que por amor debemos cometer.
- Nuestra maldita e inocente suerte.
- La voz del mar, que siempre te dirá
- dónde estoy, porque es nuestro confidente.
- Los poemas, que son cartas anónimas
- escritas desde donde no imaginas
- a la misma muchacha que un otoño
- conocí en aquel tren que iba vacío.


