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lunes, diciembre 22

Piazza Morgana

Théophile Alexandre Steinlen
  • Es en tu corriente sanguínea donde logro el estado de dicha suprema reservado a los elegidos y a los justos. Me revuelco en su interior, retozo, trisco, me elevo a míticas alturas, alcanzo lo definitivo, me transformo, dejo de ser.
  • Ya no soy yo mismo. Soy tu sangre: alimento tus pulsaciones, cruzo y vuelvo a cruzar el umbral de tu corazón, me deslizo arriba y abajo, me abalanzo del ventrículo al aurículo, hago tiempo en el atrio, paso de la vena a la arteria y regreso a la vena, hago el recorrido de los pulmones y emprendo de nuevo el camino de tu corazón.
  • ¡Tu corazón! ¡Por fin soy yo tu corazón! No sólo el vello suave de tu pubis sino también tu corazón. Sono il tuo sangue! Quello que senti rimbalzarti dentro, questi brividi, questa strana gioia, questa paura, questa bramosia, sono io, sono io, galleggiante nelle tue arterie, e la carne che rammenta, dorenavanti rammeneiamo insieme per l’eternità, amore, amore, pauroso amore mio! No has de tener miedo, nunca volveremos a sentir la soledad, la terrible, vergonzosa soledad de la carne.
  • La soledad se ha ido para siempre, desechada, expulsada, suprimida, quemada, enterrada. ¿Me estás oyendo? ¿Me oyes surcar tu sangre a toda velocidad cantando y gritando a pleno pulmón, entonando extrañas canciones de gozo, sollozando, gimoteando, gimiendo en un frenesí de felicidad que ningún ser humano ha conocido antes? Sono io, sono io!
  • Moriré contigo me convertiré en sustancia inanimada, recorreré toda la gama de la existencia pre-orgánica y post-orgánica, y renaceré una y otra vez, un millón de veces, ad infinitum, contigo.
  • Calvert Casey
  • Piazza Morgana (fragmento)
Johann Heinrich Füssli
Munch
Jordi Pallarés

jueves, diciembre 4

Hacíamos el amor voluntariamente, Palinuro de México (fragmento)

Javier Clavo
  • " La tía Luisa y Jean Paul un día visitaron La Tour du Merveilleux, que era, para asombro de la tia Luisa, una casa al revés: se entraba por el desván, y se subía después al tercer piso y luego al segundo, y al primero, y así hasta llegar a la planta baja y al sótano.
  • Las alfombras y los muebles estaban clavados en los techos, las lámparas se levantaban en medio del piso como fuentes de cristal, y a través de las ventanas y gracias a un juego ingenioso de espejos y cristales, se veía todo París al revés.
  • (...)
  • Lo que nunca jamás pudimos medir fue nuestro amor, porque era infinito.
  • Era, si, como cuando Palinuro le preguntaba al abuelo cuánto lo quería.
  • - Mucho, muchísimo le contestaba el abuelo Francisco.
  • - Pero ¿cuánto, cuánto abuelo? ¿De aquí a la esquina?
  • - Más, mucho más.
  • - ¿De aquí al Parque del Ajusco?
  • - Más, muchísimo mas: de aquí al cielo de ida y de regreso, yéndose por el camino mas largo de todos y regresando por un camino todavía más largo. Y eso después de dar varios rodeos, de perderse a propósito, de tomar un café con leche en Plutón, de recorrer los anillos de Saturno en patín del diablo y de dormir veinte años como Rip Van Winkle, en uno de esos planetas donde las noches duran veintiún años: porque a mi me gusta levantarme temprano, cuando menos un año antes de que amanezca.
  • (...)
  • Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.
  • Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.
  • O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
  • Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.
  • Marc Chagall
  • Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
  • O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
  • Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura.
  • O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco.
  • O de día con los ojos cerrados.
  • O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
  • O viceversa.
  • Contentos, felices, dolientes, amargados.
  • Con remordimientos y sin sentido.
  • Con sueño y con frío.
  • Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Michael Taylor
  • Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
  • Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente.
  • Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
  • Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.
  • También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente. "
Egon Schiele

martes, noviembre 25

" Ada Elena, esta noche vi al hombre que tú amas

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" Ada Elena, esta noche vi al hombre que tú amas. Tú estás allá perdida en la ciudad inmensa. Entre los rascacielos va tu figura tensa de silencio y amor; como una esfinge en llamas. Esta noche lo he visto. Sus altos hombros recios se inclinaban un poco; sus ojos altaneros miraban tiernamente los seres pasajeros... Tiernos sus ojos, hechos de todos los desprecios. Y yo pensé un instante que acaso estaba triste... Porqué el hueco en su hombro por tan corto tuviste; porque fuera tan parca sobre ti su mirada, un leve regocijo tocó mi alma angustiada. Cuando de pronto, oh amiga, de sus labios que oíste tanto y tan poco... ¡brotó alegre una gran carcajada! Ada Elena, no sueñes, no esperes, no imagines. Mira el amor, si pasa, cual zumbador sin tiento. No seques, por claustrada, la flor de tus jardines. No tases –oro puro- lo que se lanza al viento. El amor es fugaz y es frágil y es pequeño. Girasol del instinto, no mide si cambió en mitad de la ruta de un sueño, hacia otro sueño... El hombre que tú amas lo acata: tú y yo no. Ada Elena: en las calles hay cien mil hombres ávidos. Resplandecen las luces. El vino en oros pálidos, O en rubíes encendidos, pinta de bello la vida. “El amor es fugaz y es frágil y es pequeño”. Ríe, bulle, enloquece... y cuando llegue el sueño, Duerme con el olvido de la bestia rendida! " Clara Lair( Carta a Ada Elena (fragmento)
La Esfinge de azucar, Dalí

lunes, octubre 13

Regalito, Extracto de Seda: Alessandro Baricco

Seda de Alessandro Baricco, os muestro un extracto...tan sensual como hipnótico, tan erótico como sublime. Como la seda, suave, misterioso....deseo carnal...espiritual?...déjate llevar....por el deseo contenido , por la pasión amorosa ...y recuerda ó imagina....
  1. " Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos,
  2. yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras,
  3. Fotografía : Desiree Dolron
  4. sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo,
  5. quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?,
  6. nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin. "

domingo, octubre 12

La princesa Tarakanova

Pintura de Flavitsky
  • Poco, muy poco se sabe de la auténtica historia de La princesa Tarakanova, hija ilegítima de la Emperatriz Elizabeth y el Conde Razumovsky.
  • La princesa vivió casi toda su vida como monja del convento San Juan de Moscú, ya que Catalina la Grande la obligó a tomar los hábitos.
  • En vida, su identidad fue ocultada y fue conocida solamente como la Hermana Dofiya.
  • La capilla que está sobre su tumba fue agregada en 1900, casi un siglo después de su muerte.
  • Lo extraño fue que la Princesa Tarakanova tuvo una impostora que jugó un papel más visible en la historia de Rusia.
  • La princesa impostora apareció en Roma en 1775, para alarma de Catalina, quien envió al Conde Alexei Orlov a engañar a la impostora y llevarla de nuevo a Rusia. Orlov tuvo éxito en su misión, y la impostora Tarakanova fue encarcelada en Petropavlovskaya Krepost (Fortaleza de Pedro y Pablo) en San Petersburgo.
  • La impostora, un misterioso personaje de origen europeo, nunca reveló su identidad. La falsa Princesa Tarakanova murió de tuberculosis en 1775.
  • Su muerte en una lúgubre celda inundada y terrible se plama en la grandiosa pintura de Konstantin Dmitriyevich Flavitsky.
  • También se dice que dió a la luz a su hijo en esta celda...y ¿qué sería del él?
  • Lo que queda claro, al menos en la pintura, es que la celda se estaba inundando...lógico que muriera de tuberculosis...pobrecita...

  • Si me dices por qué el pantano
  • parece infranqueable, entonces
  • te diré por qué pienso que
  • puedo atravesarlo si lo intento.

Anna Hardman, dolls

miércoles, octubre 1

OVIDIO, El anillo

Ovidio Nasón (43 a.C.-17 d.C.), escribió textos sublimes y sabios que en esta época resultan completamente actuales, el amor siempre mueve el universo. Para muestra este hermoso extracto, que nos hace sentir y pensar...no?. Ovidio desea introducirse dentro del cuerpo y el alma de su amada, el anillo canalizará ese deseo tan sentido, pleno de sensualidad y erotismo.
  1. Anillo que has de ceñir el dedo de una hermosa muchacha, en ti nada se debe valorar sino el amor de quien regala: ve y resúltale un obsequio agradable; que te reciba con alegría y que enseguida te ponga en su dedo; que te ajustes a ella tan bien como ella se ajusta conmigo, y que rodees convenientemente su dedo con un círculo a su medida. Feliz tú, anillo, porque te va a usar mi dueña: tengo envidia ya de mi propio regalo, pobre de mí.
  2. ¡Ojalá que con la ayuda de la mujer de Eea o del viejo de Cárpatos pudiese convertirme de repente en este obsequio mío! Si eso ocurre, será mi deseo que tú, mi dueña, te toques los pechos y que te introduzcas entre la túnica la mano izquierda. Aunque bien ajustado y pegado a tu dedo, me iré deslizando de él y caeré, ensanchado por arte de magia, sobre tu regazo. Del mismo modo, con el fin de poder sellar los secretos mensajes escritos sobre tablillas y de que mi piedra seca y adherente no se lleve consigo la cera, tocaré antes los labios húmedos de mi hermosa muchacha. ¡Únicamente pediré no tener que sellar mensajes dolorosos para mí!
  3. En caso de que me vayas a dar para que me guarden en el joyero, me negaré a salir, constriñendo tus dedos con un círculo más estrecho. No sea yo nunca para ti, vida mía, objeto de vergüenza o una carga que tu delicado dedo rehúse llevar. Llévame puesto cuando bañes tu cuerpo con agua caliente y no te importe que mi engarce se estropee al contacto con el agua. Pero -creo yo- al verte desnuda se erguirá de pasión mi miembro y cumpliré, siendo anillo, el cometido de un hombre.
  4. Mas, ¿por qué deseo fantasías? Ve, diminuto regalo: que ella se dé cuenta de que contigo te envío mi lealtad.

martes, septiembre 23

Anais Nin, única

Hoy me apetece obsequiar a cuantas personas visiten lo que por aquí se me va ocurriendo, con un extracto de El Diario de Anais Nin, una mujer sumamente interesante y atrevida, cuya vida estuvo unida al escritor Henry MIlller,. Cada linea del libro me resulta llamativa, elocuente, y sumamente enriquecedora, e invito a hombres y mujeres a que se deleiten con sus letras, en este caso mi regalito es un extracto, que lo disfrutéis!
  • " ...el misterio entero del placer en el cuerpo de una mujer yace en la intensidad de la pulsación momentos antes del orgasmo.
  • Es a veces lento, one-two-three, tres palpitaciones que proyectan un licor helado y ardiente a través del cuerpo.
  • Si la palpitación es suave, silenciosa, el placer es como una onda más apacible.. Si la palpitación es intensa, el ritmo y su golpe es más lento y el placer más duradero.
  • Flechas de carne fulgurantes, una segunda ola de placer recubre la primera, una tercera toca cada terminación nerviosa, y ahora una última atraviesa el cuerpo como una corriente eléctrica.
  • Un arco iris de color golpea suavemente los párpados y una música resuena en los oídos.
  • Es el gong del orgasmo.
  • Hay veces en que una mujer siente su cuerpo ligeramente encendido.
  • Otras cuando alcanza tal clímax que parece que nunca podrá superarlo.
  • Tantos clímax.
  • Algunos causados por la ternura, otros por el deseo, algunos por una palabra o una imagen vista durante el día.
  • Hay veces en que el día mismo pide un clímax, y días que no terminan en un clímax, cuando el cuerpo está dormido o soñando otros sueños..."
  • Para ilustrar esta entrada, nada mejor que la calidad fotográfica, de una artista erótica sumamente creativa, se llama Aeric Meredith-Goujon, y os invito a observar su página web, si os sentís preparados...claro.

martes, septiembre 2

Sobre El collar de la paloma

pintura de William Blake

el collar de la paloma

  • Este libro escrito en el siglo XI ,nos deleita con palabras escritas desde el amor y la sabiduría ,pero sobre todo desde la pasión sin razón que todos los amantes sienten.Al leer estos versos y consejos que Ibn Hazm escribe con tanta sensibilidad,nos podemos sentir identificados ,y nuestras venas podrán llenarse de sangre al recordar en nuestros corazones el tan relatado Amor Universal.
Tiene el amor señales que persigue el hombre avisado y que puede llegar a descubrir un observador inteligente. Es la primera de todas la insistencia de la mirada, porque es el ojo puerta abierta del alma, que deja ver sus interioridades, revela su intimidad y delata sus secretos. Así, verás que cuando mira el amante, no pestañea y que muda su mirada adonde el amado se muda, se retira adonde él se retira, y se inclina adonde él se inclina, como hace el camaleón con el sol. Sobre esto he dicho en un poema: Mis ojos no se paran sino donde estás tú. Debes tener las propiedades que dicen del imán. Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves, como en gramática el atributo sigue al nombre. obra deEivar moya

Otras señales son: que no pueda el amante dirigir la palabra a otra persona que no sea su amado, aunque se lo proponga, pues entonces la violencia quedará patente para quien lo observe; que calle embebecido, cuando hable el amado; que encuentre bien cuanto diga, aunque sea un puro absurdo y una cosa insólita; que le dé la razón, aún cuando mienta; que se muestre siempre de acuerdo con él, aun cuando yerre; que atestigüe en su favor, aun cuando obre con injusticia, y que le siga en la plática por dondequiera que la lleve y sea cualquiera el giro que le dé.

Otras señales del amor son: que el amante vuele presuroso hacia el sitio en que está el amado; que busque pretextos para sentarse a su lado y acercarse a él; y que abandone los trabajos que le obligarían a estar lejos de él, dé al traste con los asuntos graves que le forzarían a separase de él, y se haga el remolón en partir de su lado. Acerca de este asunto he compuesto estos versos:

Cuando me voy de tu lado, mis pasos son como los del prisionero a quien llevan al suplicio. Al ir a ti, corro como la luna llena cuando atraviesa los confines del cielo. Pero al partir de ti, lo hago con la morosidad con que se mueven las altas estrellas fijas.

De CARMENSABES POESIA Y ARTE

domingo, agosto 31

El pez frío, cuento erótico del siglo XI, y La ciudad inútil de Jia Pingwa

TETSUYA- MISHIMA
  • Hanako, una joven bella, aunque atolondrada, tenía un amante escrupuloso y pulcro que gustaba de hacer el amor con guantes.
  • Antes de tocarla, el hombre vigilaba personalmente su baño y exigía que ella se fregara con piedra pómez de pies a cabeza, se depilara hasta el último vello y enjabonara cuanto pliegue y orificio había en su esbelto cuerpo, todo esto sin una palabra de afecto o de aprecio por sus encantos.
  • Ahora bien, en el jardín de Hanako había un estanque donde todavía nadaba una carpa enorme y venerable.
  • A pesar de sus cuarenta años de existencia, el viejo pez no tenia ninguna de las mañas del meticuloso enamorado de Hanako, por el contrario, era fuerte como un atleta y lleno de consideración, como deben ser los buenos amantes.
  • No es raro, por lo mismo, que ella lo prefiriera como compañero.
  • La joven solía sentarse a la orilla del agua y al llamarlo por su nombre él subía a la superficie a jugar con ella.

  • Una noche, después de recibir las higiénicas caricias del hombre con guantes, salió al jardín y se echó a la orilla del estanque a llorar.

  • Atraído por los sollozos, el gigante subió del fondo y acercándose a la mano lánguida que tocaba apenas el agua, le chupó uno a uno los dedos con sus fuertes labios.

  • Hanako sintió que su piel se erizaba y una sensualidad desconocida la recorría entera, sacudiéndola hasta la esencia misma de su ser.

  • Dejó caer un pie al agua y el pez besó también cada dedo con la misma dedicación, y luego la otra mano y el otro pie, y enseguida ella puso las piernas en el estanque y la carpa frotó las escamas de plata de su vientre contra la piel de la muchacha.

  • Hanako comprendió la invitación y se dejó caer en el barro del estanque, abierta y blanca como una flor de loto, mientras el atrevido pez rondaba en torno a ella acariciándola y besándola y obligándola a abrir las piernas y entregarse a sus caricias.

  • El pez le soplaba chorros de agua por las partes más sensibles y así, poco a poco, fue ganando terreno y conduciéndola por las rutas del placer más sublime, un placer que Hanako no había tenido jamás en brazos de hombre alguno y menos, por supuesto, del amante enguantado.

    Más tarde ambos reposaron flotando contentos en el barro del estanque bajo el escrutinio de las estrellas.

  • EL PEZ FRÍO, un cuento erótico del Japón (siglo XI).

------------------------------------ Fragmento LA CIUDAD INÚTIL (Fragmento) Jia Pingwa
  • La muchacha era amable, pero tonta, se dijo Liu Yue. Es cierto que la esposa es la última en enterarse de las aventuras galantes de su marido, mientras que estas historias ya son la comidilla de la ciudad.
  • —Señora, usted es la vez una esposa y una madre para él —insistió Li Yue—, pero una mujer también debe saber comportarse como una puta para su marido.
  • —¡Tú hablas por hablar! Una esposa es una esposa, no una puta. ¿Por quién tomas al maestro? ¿Y a mí? ¿Quieres que la gente nos desprecie por escuchar este tipo de cosas?
  • La muchacha no supo qué decir.
  • —No sé lo que digo; lo dije así nada más.
  • —No es porque no sepas, más bien porque sabes demasiadas cosas que no deberías saber. Eres una especie de bruja; el que se case contigo va a sufrir mucho.
  • Terminada la cena, Niu Yueqing pidió a Liu Yue que tomara papel y lápiz para dictarle la lista de invitados para el cumpleaños de Zhuang Zhidie. La muchacha releyó: Wang Ximian, Gong Jingyuan, Yuan Zhifei, Meng Yunfang, Zhou Min, Zhao Jingwu, Hong Jiang, su prima y toda su familia, el viejo Wei, el vicepresidente de la Asociación de Escritores, Xiao Ding de la Asociación de Coreografía, Zhang Zhenghai de la Asociación de Escritores, Zhong Weixian de la redacción de la revista, Li Hongwen, Gou Dahai, todos en dos grandes mesas.
  • —Para tantos invitados, ¿piensa usted ordenar los platillos en algún restaurante o habrá que hacerlo todo aquí? No puedo cocinar tanta comida.
  • —Cenaremos en la casa —contestó Niu Yueqing—. Es más agradable. Pero no tendrás la obligación de preparar la comida. El marido de mi prima es cocinero. Él se ocupará de los platos principales; Meng Yunfang preparará los entremeses. Te voy a pedir nada más que me ayudes a avisar a nuestros amigos y a comprar las cosas.
  • [...]
  • Salieron de la casa y se metieron en una calle pero sin un rumbo preciso. Almorzaron en un restaurante. Al pasar por un cine decidieron comprar un par de boletos para la siguiente función. Decidieron acudir a la Residencia de Investigación de las Insuficiencias después de la película; comprarían algunas golosinas. Querían pasar una verdadera jornada de amor y conservar todo el sabor y las sensaciones.
  • —Un día completo, toda la noche —dijo él.
  • —Dos días y dos noches —lo corrigió ella.
  • —Tres días y tres noches —suplicó él.
  • —¡A morir! —dijo ella.
  • —Morir de amor; qué bello.
  • —¿Tú crees? ¿Qué pensaría la gente al descubrir nuestros cuerpos? ¿Nos haría una oda de amor o al contrario nos insultarían como a unos malditos?
  • Reían, bromeaban, se divertían. En el cine ella reclinó la cabeza sobre el hombro de él. Desde las primeras imágenes se dieron cuenta de que ya habían visto esa película, pero daba lo mismo. Zhuang pensó que su posición así sentados simbolizaba un carácter chino lleno de sentido que susurró al oído de Tang Waner. ¿Cuál? preguntó ella Entonces tomó la mano de la muchacha y pretendió escribir sobre la palma el carácter zong, unión. Ella a su vez trazó otro carácter en la palma de la mano de Zhuang: dui, coito. Él alzó las piernas de Tang Waner y le quitó los zapatos.
  • —Soy un tonto —le murmuró al oído—. Cuando lo necesito no sirve para nada y cuando no hace falta tiene accesos de heroísmo.
  • Ella extendió la mano para palparlo: tenía una erección. Le bajó la bragueta y se inclinó. [En esta parte el autor suprime treinta y nueve caracteres. n. del t.) Él hacía lo posible para que la gente que estaba cerca no se diera cuenta de lo que hacían.
  • —Eso me da más antojo. Estoy húmeda —dijo ella.
  • Zhuang hundió los dedos entre las piernas de la muchacha. Aquello estaba caliente y húmedo. Con regocijo le pellizcó la nariz para molestarla.
  • —Voy a comprar pepitas de calabaza —comentó él.
  • Se levantó. En el momento en que salió al pasillo advirtió que había dos hombres en cuclillas cerca de la pared. Pensó que se trataba de espectadores que habían llegado tarde y que buscaban una butaca. Les hizo señas de que más adelante había asientos vacíos. Pero inmediatamente se dio cuenta de que sus señas eran ridículas. Deseó que la oscuridad hubiera impedido que alguien lo viera.
Relato enviado por Elena-Susana ------------------------------------------------
  • Fragmento de Retrato de un matrimonio de Pearl S. Buck,la gran escritora estadounidense:
  • Junio, julio y agosto. Ruth permanecía inmóvil hora tras hora; ella, que siempre había sido fuerte y enérgica.El verano había transcurrido para ella entre esas horas de inmovilidad, y los días, que se arrastraban con lentitud, entre sesión y sesión. Nunca se había dado cuenta de que los días podían resultar interminables ocupados en las incabables tareas de la casa y del campo. Ahora lo sabía. Cuando William no iba, su cuerpo se movía con la ligereza reposada de otras veces, pero las horas tardaban doblemente en pasar, y por la noche, se sentía exhausta por su espera interior; su agonía consistía en no saber nunca cuándo iba a ir él.
  • PAsaba a veces varios días sin acudir y aparecía de repente lleno de impaciencia, cual si ella fuera culpable de no esperarle tras la ventana. A decir verdad, siempre le esperaba, pues no cabía ya negar que le quería. Sabía que le quería, desde el primer día...; no, desde la primera hora, y le quería ahora hasta dolerle el corazón. El cuadro estaba casi terminado. ¿Y luego? ¿Qué sería de ella? Él se marcharía y no volvería a verle nunca más. Se acabarína las largas tardes pasadas en la cocina, en las que, sentado, pintaba, mirándole ella en pie frente a él. No volvería a contemplarle mientras trabajaba, sus oscuros ojos mirándola sin verla. A veces le parecía que él sólo veía la muchacha del cuadro, y se sentía celosa.
  • http://3.bp.blogspot.com/_5anxFI3fbbc/TRIGEyMn-nI/AAAAAAAAAuI/Kr_YtVHbJvw/s1600/filmref_19.jpg
  • -Es más linda que yo -decía, para oír como él lo negaba.
  • -No, no lo es .replicaba él-. El parecido es extraordinario.
  • -Mis ojos no son tan azules -insistía.
  • -Son los más azules del mundo. No logro hacerlos ni la mtad de azules de lo que debieran ser -contestaba él.
  • Entonces, confortada en parte, volvía a su silencio, y él seguía trabajando.
  • Mediaba el mes de agosto, y el cuadro estaba casi terminado. Seguía él dándole algunos toques, pero ambos sabían que estaba listo.
  • -Una semana más -dijo él un día de pronto-, y estará completamente terminado.
  • -Entonces me parece que no le veré más -dijo ella en voz baja, pero clara.
  • -¿Por qué no? -repuso él alegremente. Su corazón dio un salto al oírla. PEro no quería que ella lo notara. Se sentía rdiente, débil, ante la belleza, demasiado pronto a complacer y a amar. Y Ruth era deliciosa. Era maravilloso que hubiera sido exactamente como él la había imaginado, tal como proclamaba su aspecto.
  • Aquel extraño verano casi había terminado. Había acudido a la granja, sencillamente, día tras día, o había dejado de ir.
  • Incluso había ido a Ber Harbor dos semanas y reanudado su placentera amistad con Elise.
  • ...
  • Un día, a principios de septiembre, el cuadro quedó definitivamente terminado. Ya no podía engañarse a este respecto, ni pretender que tuviese otra razón que ver a Ruth. No podía volver sin admitir lo que por la mañana había negado a su madre. ësta le había hablado por fin. ..
Por la tarde dio el toque final al cuadro. Intensificó ligeramente el azul de los ojos de Ruth. Entonces dejó los pinceles.
-¡Se acabó Ruth!-dijo-. Venga a verse.
Ella se acercó lentamente y permaneció pensativa un momento.
-¿Le parece que soy así?
-Si -contestó él.
Lo que veía representaba una muchacha fuerte, sonrosada, llena de salud, vestida de zul y con un delantal blanco. Reconoció sus manos, algo ásperas siempre, que la hacían avergonzarse. Ni esto había él mitido.
-Tal vez se rían de mí en Nueva York.
-Pensarán que es usted muy hermosa.
-Podría haberme puesto mi traje de los domingos, de todos modos -objetó ella.
-No tendría que llevar nunca más que vestidos azules, por sus ojos -dijo él, y añadió festivo-: ¿Me promete una cosa?
-¿Qué? -pregunto Ruth de prisa, sintiendo latir su corazón.
¿Qué podía pedir de ella sino que le dijese que le quería?
-No se vista nunca más que de azul.
Ella sintió tal abatimiento que casi se le saltaron las lágrimas.
-No puedo prometérselo. Mi traje nuevo es rosado.
-Sólo bromeaba -dijo él con rapidez.
-Además, ¿qué más le da a usted, si no ha de volver a verme?
-No olvide que tiene que ir a Nueva York -le advirtió William. Entretanto, guardaba sus pinceles y sus pinturas alegremente; plegó el caballete y cogió el cuadro. No era muy grande, y lo llevaba en un marco especial que había ideado para sus cuadros cuando aúne staban húmedos. Ya estaba listo para partir-. No le digo adiós, porque volveremos a vernos.
Ella no respondio; le tendió la mano, procurando contener la lágrmas. Él las vio, pero no se permitió la saftisfacción de consolarla.
Tomó su mano, pero sólo la tuvo un instante.
-Le escribiré cuando mis cuadros estén ya expuestos -dijo, tratando de mantener su animación.
Ruth entendía tan poco de cuadros, que apenas le oyó. Sólo sabía que partía y que ella le amaba. Y él leyendo en sus ojos cuanto pasaba por ella, tembló y vaciló, deseando estar ya lejos o que alguien entrase en aquel momento. Cuando menos, deseaba que no fuese tan bonita ni su aliento tan dulce, o que significase menos para él... o más. Se detuvo un instante y entonces, odiándose a sí mismo, la cogió por su brazo libre y la besó. Luego salió precipitadamente de la cas ay subió por el sendero.
MAldición", dijo con ira su tembloroso corazón.
Relato enviado por Elena-Susana
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  • Christoph Meckel, nació en Berlín en 1935 y cursó estudios de pintura y dibujo en Friburgo y Munich. Poeta y novelista. He aquí un fragmento de su maravillosa novela evocadora, sentimental, dolorosa: Licht.
  1. ...y me encantaría estar ahora contigo. Me gustaría tanto hacer algo por ti, comprarte un periódico que trajera buenas noticias, limpiarte a besos de la comisura de los labios los restos de la mantequilla del desayuno, acariciarte tal vez las rodillas, qué se yo. Casi me caigo de la silla, cuando me llamaste, tu voz tan cercana y tan horriblemente lejana. Por tu amor soy capaz de hacer cualquier cosa, trabajar, madrugar, ser razonable. Me siento completamente trastornada cuando me llamas. Todo está bien, mientras nosotros estamos juntos, da lo mismo si eso se traduce en felicidad. No me hace falta la felicidad, incluso sin ilusión, contigo me puedo reír.
  2. ¿Tienes mi mechero azul? ¿Me echas de menos? ¿Has vuelto a tu piso? ¿Y si fuéramos los dos juntos a San Francicso (También hay bares con terraza, como en París)? Me gustaría tanto ir contigo a San Francisco, leer periódicos chinos, escuchar la voz de las focas. ¿Te acuerdas aún de la casa en Bercyles-Landes con todos aquellos zapatos en el vestíbulo? Y aquella noche, cuando nos despertamos, cuando empezaba a llover y tú saliste corriendo descalzo en la oscuridad a la lluvia, porque nos habíamos dejado abierta la capota del coche. Pero ya no se podía hacer nada, el asiento delantero chorreaba y los periódicos y los mapas estaban empapados. ¡Y lo empapado que estabas tú cuando te metiste de nuevo en mi cama! Y cuando unos días después leímos el periódico en un café que bordeaba la costa, con aquel viento abrasador y fuerte que levantaba mucho polvo, pero nos quedamos sentados y leíamos medio periódico cada uno y las hojas revueltas se nos volaban de las manos, no las podíamos doblar. Entonces, medio periódico cruzó volando la carretera y tú te abalanzaste tras aquellas hojas, una camioneta de reparto frenó al límite y tú corrías por la playa, lejos, y volviste al café con el periódico arrugado y yo me reía mientras tú te enfadabas.http://3.bp.blogspot.com/_5anxFI3fbbc/TOD20ZYzZ3I/AAAAAAAAAss/cu8p-mw64Ms/s1600/bennewman_churchproperty_aka_sistergemma_nicole.jpg
  • Pienso en todo eso y me siento colmada. Quisiera pensar siempre en esas pequeñas cosas y quisiera sentirme siempre feliz por algo. Mis pequeñas alegrías me hacen alcanzar otra dimensión. No soy autómata, necesito sentir para estar viva, contigo y sola. Tal vez sólo un momento como en febrero, cuando volvíamos a casa después de la fiesta de Mona y estábamos hambrientos y nos comimos las pasas que tenía en el armario de la cocina, las que yo había comprado en tu calle para los mirlos... y después me estrechaste entre tus brazos. Dime que estamos vivos los dos. Escríbeme, no me escribas enseguida. Telefonéame antes, espero tanto tu llamada...
  1. Encontré la carta entre las hojas secas de la terraza y mi desengaño es cruel, me está consumiendo.
  2. ¿Cómo ha llegado esta carta a la terraza? Seguramente Dole la perdió cuando estuve quemando hojas secas y papeles en el jardín, hace ya tres días. El sobre arrugado cayó de la papelera y terminó entre las hojas. O quizás, mientras buscaba sus llaves en la oscuridad, se le cayera del bolso, pero lo más seguro es que cayera de su papelera. Papelera. Lo que se ha tirado a la papelera apenas si existe, casi ha desaparecido, está destrozado. En cuando he echado un objeto a la papelera, me olvido de él. ¿Por qué tuvo que caer esta carta de la papelera?
  3. Recogí el papel entre las hojas secas para tirarlo a la basura y reconocí la letra de Dole, el color violeta de la tinta que utiliza desde que nos conocemos, sin darme cuenta leí una frase que aparecía en las arrugas:
"Y lo empapado que estabas tú cuando te metiste de nuevo en mi cama", (no tenía nada que ver con el estilo de dole) y supe que la frase nada tenía que ver conmigo. Ese "tú" no estaba dirigido hacia mí. En ese instante se acabó la inocencia. Imposible no haber leído lo leído. Me metí la carta en el bolsillo y me quedé quieto, extrañado, algo extraordinario parecía haber sucedido, al fin con la conciencia de estar implicado en un secreto. Me metí en el bungaló y encontré a Dole dormida en el sofá.
Tenía que salir al encuentro de la nueva Dole, no importaba que mé había sucedido a mí mientras tanto.
Inconcebible besarle los pechos.
Ya nunca más sería posible.
----------------------- Fragmento envíado por Elena-Susana( colaboradora habitual)
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Memorias secretas de una cantante atribuida a W. Schraeder Devrient:
  • Mis primeros tiempos de permanencia en Viena fueron para mi ánimo, sencillamente tristes. Apenas teníamos relaciones, invirtiendo todo mi tiempo entre la clase y el estudio. Diré, de pasada, que mi profesor era excelente. Como obligada distracción, asistíamos al teatro en los días de ópera. Y allí tuve ocasión de hacer nuevos conocimientos, sobre todo entre los jóvenes de la alta sociedad vienesa, ya que, según frase de muchos, estaba en esa edad de la mujer que se llama "la belleza del diablo".
  • Sin embargo, como mi firme propósito era hacerme cantante, decididamente rehusé todo flirt y entretenimiento para no distraerme ni un punto en mis estudios. ¡Ya vendría luego el gozar del amor en todas sus variantes infinitas...!
  • ¡Ay! llego a la parte de mis confesiones más difícil para mí hasta aquí. Pero le he prometido ser sincera y lo seré a pesar de todo.
  • Olvidé antes de decirle que Margarita me regaló en el instante de nuestra despedida un pequeño libro, El alma encantadora de Felicia, ilustrado con aguafuertes de Rops, que bastarían para enseñarme los más extraños diabolismos eróticos, si un poco la práctica y un mucho mi voluptuosa imaginación no me hubiesen inciado ya en ellos.
  • María Amaral
  • http://2.bp.blogspot.com/_5anxFI3fbbc/TIoQIoyveWI/AAAAAAAAAqU/vjmZOdxZuiY/s1600/lindberg_oil.jpg
  • La lectura de este libro, gracioso y libertino
  • , me procuraba un placer indescriptible.
  • A la hora del baño, segura de no ser molestada por nadie, repasaba ávidamente su texto y dibujos,
  • disponiendo convenientemente mi carne para mis inminentes espasmos.
  • Luego, envuelta en mi peinador de seda turquesa, tendíame en el canapé colocado frente al espejo del tocador y comenzaba la muda y placentera mímica de mis extravíos. Primeramente contemplaba mi entera desnudez, blanca y eurítmica, sobre el claro fondo de mi peinador abiero; luego, acariciaba y oprimía mis jóvenes senos, haciendo descender, por último, mis manos a lo largo de la suave floración de mis carnes.
  • A veces, sin deternerme, precisa, en la roja ambrosía, durmiento bajos mis mechoncillos áureos, gustaba de la más enloquecedora voluptuosidad, llegando al espasmo, enervador y copioso, casi sólo al influjo de mis ardores imaginativos.
  • He dicho copioso, y sobre esto he de hacerle un peregrino comentario.
http://3.bp.blogspot.com/_5anxFI3fbbc/S8MYF8puYII/AAAAAAAAAks/YcUdc4y54Ds/s1600/filmref_06.jpg
  • Me ha dotado la naturaleza de tal abundancia de bálsamos vitales, que siempre fue el asombro y delicia así de hombres como de mujeres, a quienes me entregué. Yo creí al principio que esto era común a todas las hembras.
  • Pero bien pronto me convencí de la rareza de mi privilegio, sobre todo una vez en París en que uno de mis amantes, hombre corrido y experimentado como pocos, me aseguró, formalmente, no haber presenciado jamás cosa parecida en mujer alguna de las infinitas que gozara.
  • A esta preciosa sensibilidad debí en todo momento los más fuertes y exquisitos transportes sexuales.
  • Carracci
  • Pero... ¿puede una mujer de mi temperamento evocar serenamente en las cuartillas tan divinos instantes de sus pasadas voluptuosidades? La sangre fustiga mis venas; arde mi cerebro al conjuro de las rojas ideas y al ver ahora, netamente, con los ojos del recuerdo mis encendidas e inconfesables lubricidades, frente al ancho espejo de mi tocador de Viena, todo mi ser se revuelve y arde en llamas de matronil lujuria y...Si ofrecer mi mano a sus besos, quedo siempre devotísima, X.
  • http://1.bp.blogspot.com/_5anxFI3fbbc/S7CdCt4sJxI/AAAAAAAAAkU/H9Ro3Vv6o9Q/s1600/bennewman_madelines_exam_small.jpg
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