- Junio, julio y agosto. Ruth permanecía inmóvil hora tras hora; ella, que siempre había sido fuerte y enérgica.El verano había transcurrido para ella entre esas horas de inmovilidad, y los días, que se arrastraban con lentitud, entre sesión y sesión. Nunca se había dado cuenta de que los días podían resultar interminables ocupados en las incabables tareas de la casa y del campo. Ahora lo sabía. Cuando William no iba, su cuerpo se movía con la ligereza reposada de otras veces, pero las horas tardaban doblemente en pasar, y por la noche, se sentía exhausta por su espera interior; su agonía consistía en no saber nunca cuándo iba a ir él.
- PAsaba a veces varios días sin acudir y aparecía de repente lleno de impaciencia, cual si ella fuera culpable de no esperarle tras la ventana. A decir verdad, siempre le esperaba, pues no cabía ya negar que le quería. Sabía que le quería, desde el primer día...; no, desde la primera hora, y le quería ahora hasta dolerle el corazón. El cuadro estaba casi terminado. ¿Y luego? ¿Qué sería de ella? Él se marcharía y no volvería a verle nunca más. Se acabarína las largas tardes pasadas en la cocina, en las que, sentado, pintaba, mirándole ella en pie frente a él. No volvería a contemplarle mientras trabajaba, sus oscuros ojos mirándola sin verla. A veces le parecía que él sólo veía la muchacha del cuadro, y se sentía celosa.
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Ben Newman
- -Es más linda que yo -decía, para oír como él lo negaba.
- -No, no lo es .replicaba él-. El parecido es extraordinario.
- -Mis ojos no son tan azules -insistía.
- -Son los más azules del mundo. No logro hacerlos ni la mtad de azules de lo que debieran ser -contestaba él.
- Entonces, confortada en parte, volvía a su silencio, y él seguía trabajando.
- Mediaba el mes de agosto, y el cuadro estaba casi terminado. Seguía él dándole algunos toques, pero ambos sabían que estaba listo.
- -Una semana más -dijo él un día de pronto-, y estará completamente terminado.
- -Entonces me parece que no le veré más -dijo ella en voz baja, pero clara.
- -¿Por qué no? -repuso él alegremente. Su corazón dio un salto al oírla. PEro no quería que ella lo notara. Se sentía rdiente, débil, ante la belleza, demasiado pronto a complacer y a amar. Y Ruth era deliciosa. Era maravilloso que hubiera sido exactamente como él la había imaginado, tal como proclamaba su aspecto.
- Aquel extraño verano casi había terminado. Había acudido a la granja, sencillamente, día tras día, o había dejado de ir.
- Incluso había ido a Ber Harbor dos semanas y reanudado su placentera amistad con Elise.
- ...
- Un día, a principios de septiembre, el cuadro quedó definitivamente terminado. Ya no podía engañarse a este respecto, ni pretender que tuviese otra razón que ver a Ruth. No podía volver sin admitir lo que por la mañana había negado a su madre. ësta le había hablado por fin. ..
Por la tarde dio el toque final al cuadro. Intensificó ligeramente el azul de los ojos de Ruth. Entonces dejó los pinceles.
-¡Se acabó Ruth!-dijo-. Venga a verse.
Ella se acercó lentamente y permaneció pensativa un momento.
-¿Le parece que soy así?
-Si -contestó él.
Lo que veía representaba una muchacha fuerte, sonrosada, llena de salud, vestida de zul y con un delantal blanco. Reconoció sus manos, algo ásperas siempre, que la hacían avergonzarse. Ni esto había él mitido.
-Tal vez se rían de mí en Nueva York.
-Pensarán que es usted muy hermosa.
-Podría haberme puesto mi traje de los domingos, de todos modos -objetó ella.
-No tendría que llevar nunca más que vestidos azules, por sus ojos -dijo él, y añadió festivo-: ¿Me promete una cosa?
-¿Qué? -pregunto Ruth de prisa, sintiendo latir su corazón.
¿Qué podía pedir de ella sino que le dijese que le quería?
-No se vista nunca más que de azul.
Ella sintió tal abatimiento que casi se le saltaron las lágrimas.
-No puedo prometérselo. Mi traje nuevo es rosado.
-Sólo bromeaba -dijo él con rapidez.
-Además, ¿qué más le da a usted, si no ha de volver a verme?
-No olvide que tiene que ir a Nueva York -le advirtió William. Entretanto, guardaba sus pinceles y sus pinturas alegremente; plegó el caballete y cogió el cuadro. No era muy grande, y lo llevaba en un marco especial que había ideado para sus cuadros cuando aúne staban húmedos. Ya estaba listo para partir-. No le digo adiós, porque volveremos a vernos.
Ella no respondio; le tendió la mano, procurando contener la lágrmas. Él las vio, pero no se permitió la saftisfacción de consolarla.
Tomó su mano, pero sólo la tuvo un instante.
-Le escribiré cuando mis cuadros estén ya expuestos -dijo, tratando de mantener su animación.
Ruth entendía tan poco de cuadros, que apenas le oyó. Sólo sabía que partía y que ella le amaba. Y él leyendo en sus ojos cuanto pasaba por ella, tembló y vaciló, deseando estar ya lejos o que alguien entrase en aquel momento. Cuando menos, deseaba que no fuese tan bonita ni su aliento tan dulce, o que significase menos para él... o más. Se detuvo un instante y entonces, odiándose a sí mismo, la cogió por su brazo libre y la besó. Luego salió precipitadamente de la cas ay subió por el sendero.
MAldición", dijo con ira su tembloroso corazón.