- Queridos amigos, hoy os presento una historia peculiar, de una pareja quizás demasiado perfecta, o quizás demasiado torpe, o de como la imperfección humana acaba brotando al exterior sin poder evitarlo.
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- Un curioso relato, narrado con brillantez y acierto de mi admirado escritor Andrés Newman, espero que os guste.
- La pareja: Andrés Newman.
- No huelga indicar que la torpeza puede, en ocasiones, ser fruto de un exceso de sincronización;
- Elisa y Elías eran sin duda un caso ejemplar.
- Incapaces de abrazarse sin que sus respectivos brazos izquierdo y derecho chocasen en el aire junto a sus cabezas, ambos despertaban la admiración de sus amistades.
- Tenían los mismos hábitos. Les gustaba la misma música.
- Sus opiniones políticas no diferían ni siquiera en lo accesorio: simpatía por tal o cual ministro, fobia hacia este o aquel diputado.
- Se reían con parecidas bromas, y en los restaurantes cualquiera de ellos podía pedir dos menús idénticos sin consultar al otro.
- Jamás tenían sueño a horas distintas;
- lo cual, si estimulante sexualmente, resultaba fastidioso desde un punto de vista estratégico:
- Elisa y Elías competían en secreto por ocupar primero el cuarto de baño, por el último vaso de leche o por leer antes esa novela que, la semana anterior, ambos habían decidido comprar en su librería predilecta.
- Teóricamente, no cabe duda de que Elisa podía alcanzar el orgasmo junto con Elías sin ningún esfuerzo; pero, en la práctica, no eran pocas las veces en que acababan trenzados en incómodas posturas, derivadas de su deseo simultáneo de colocarse encima o debajo del otro.
- Hacéis una pareja perfecta; dos medias naranjitas, les solía decir la madre de Elisa, a lo que ambos respondían sonrojándose un poco, y pisándose un pie al adelantarse para ir a besarla.
- Te odio más que a nadie en este mundo, quiso aullar Elías cierta noche accidentada, sin conseguir que Elisa lo escuchase, o, mejor dicho, sin poder distinguir su propia voz de la de ella.
- Tras un sueño inhóspito, pleno de pesadillas con espejos, desayunaron en silencio y no necesitaron discutir para saber.
- Aquella tarde, al regresar del trabajo, a ella no la sorprendió encontrarse con la mitad del armario vacío mientras se disponía a llenar sus maletas.
- Como es natural, Elisa y Elías han intentado reconciliarse en más de una ocasión.
- Sus teléfonos, no obstante, suelen estar ocupados.
- Cuando en cambio han conseguido fijar un encuentro, tal vez ofendidos por la excesiva demora del otro en dar el paso, ninguno de los dos ha acudido a la cita.
- "La Pareja"
- ©Andres Neuman 2002


























