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domingo, octubre 3

LA PAREJA

Sergey Smirnov
  • Queridos amigos, hoy os presento una historia peculiar, de una pareja quizás demasiado perfecta, o quizás demasiado torpe, o de como la imperfección humana acaba brotando al exterior sin poder evitarlo.
    • Un curioso relato, narrado con brillantez y acierto de mi admirado escritor Andrés Newman, espero que os guste.
Federico Lombardo
  • La pareja: Andrés Newman.
  • No huelga indicar que la torpeza puede, en ocasiones, ser fruto de un exceso de sincronización;
  • Elisa y Elías eran sin duda un caso ejemplar.
Fred Calleri
  • Incapaces de abrazarse sin que sus respectivos brazos izquierdo y derecho chocasen en el aire junto a sus cabezas, ambos despertaban la admiración de sus amistades.
  • Tenían los mismos hábitos. Les gustaba la misma música.
Jack Vettriano
  • Sus opiniones políticas no diferían ni siquiera en lo accesorio: simpatía por tal o cual ministro, fobia hacia este o aquel diputado.
  • Se reían con parecidas bromas, y en los restaurantes cualquiera de ellos podía pedir dos menús idénticos sin consultar al otro.
  • Jamás tenían sueño a horas distintas;
  • lo cual, si estimulante sexualmente, resultaba fastidioso desde un punto de vista estratégico:
Claire B. Cotts
  • Elisa y Elías competían en secreto por ocupar primero el cuarto de baño, por el último vaso de leche o por leer antes esa novela que, la semana anterior, ambos habían decidido comprar en su librería predilecta.
  • Teóricamente, no cabe duda de que Elisa podía alcanzar el orgasmo junto con Elías sin ningún esfuerzo; pero, en la práctica, no eran pocas las veces en que acababan trenzados en incómodas posturas, derivadas de su deseo simultáneo de colocarse encima o debajo del otro.
Elli Crocker
  • Hacéis una pareja perfecta; dos medias naranjitas, les solía decir la madre de Elisa, a lo que ambos respondían sonrojándose un poco, y pisándose un pie al adelantarse para ir a besarla.
  • Te odio más que a nadie en este mundo, quiso aullar Elías cierta noche accidentada, sin conseguir que Elisa lo escuchase, o, mejor dicho, sin poder distinguir su propia voz de la de ella.
Sir Antony van Dyck
  • Tras un sueño inhóspito, pleno de pesadillas con espejos, desayunaron en silencio y no necesitaron discutir para saber.
  • Aquella tarde, al regresar del trabajo, a ella no la sorprendió encontrarse con la mitad del armario vacío mientras se disponía a llenar sus maletas.
  • Como es natural, Elisa y Elías han intentado reconciliarse en más de una ocasión.
Pio Ricci
  • Sus teléfonos, no obstante, suelen estar ocupados.
  • Cuando en cambio han conseguido fijar un encuentro, tal vez ofendidos por la excesiva demora del otro en dar el paso, ninguno de los dos ha acudido a la cita.
  • "La Pareja"
  • ©Andres Neuman 2002
Egon Schiele
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sábado, junio 26

Amor en el circo

Pablo Ruiz Picasso
  • Queridos amigos, esta vez os traigo una historia fabulosa, un cuento delicioso lleno de frescura y sorpresa, escrito por Ricardo Blanco: (Riki Blanco).
  • En él, nos habla del amor, pero no un amor al uso, aunque ninguno lo es quizá, se trata de la relación que establecen Regina, una trapecista con vértigo al suelo y Capirote, el Hombre bala que no quería salir de su cañón si Regina no encendía la mecha. Un cuento extraordinario lleno de imaginación e inteligencia donde nuestros miedos y carencias salen a la luz .
  • Humor y sensibilidad en armonía en esta romántica y deliciosa historia entre estos dos originales personajes.
Calvert
  • Regina LA TRAPECISTA

  • Regina tenía un problema: vértigo.
  • Pero no el vértigo a las alturas, como mucha gente tiene, sino al suelo. Por eso decidió hacerse trapecista, para estar siempre a ras del cielo y no tener que bajar nunca a la tierra.
  • Regina miraba las coronillas de los chicos del circo y soñaba con una vida al mismo nivel.
  • Con poder susurrar cosas bonitas a alguien al oído y no tener que estar siempre dando voces para hacerse oír.
George Bellows
  • Aunque claro, ninguno de la compañía se atrevía a subir tan alto. Ninguno excepto Capirote, el hombre bala, pero siempre pasaba volando a su lado con tanta prisa...
  • Y ni un hola le decía. Ni una simple mirada, ni un triste adiós.
  • Y para colmo, el muy tonto, ya llevaba más de un mes atrincherado dentro de su cañón.
Fernando Botero
  • Una noche, mientras el resto de la compañía dormía, escuchó algo.
  • Al principio era un inapreciable susurro melódico, pero después fue incrementando su intensidad.
Edgar Degas
  • Aquel cántico siguió durante todo el día y Regina, intrigada, preguntó a la gente de la compañía de dónde procedía aquella voz, pero no le supieron decir, pues nadie, salvo ella, la oía.
  • Estuvo investigando la procedencia de aquella cantinela, y descubrió que sólo la oía en un punto muy concreto: frente al cañón de Capirote.
William Engle
  • El hombre bala, desde dentro, le cantaba canciones casi olvidadas, que salían del cañón disparadas y colisionaban con lo más profundo del alma de Regina.
  • —Capirote... —clamó Regina—, ¡sube aquí, lánzate!
  • El hombre bala tardó un tiempo, pero al fin se decidió a contestar:
  • — ¡No puedo, necesito que alguien me encienda la mecha! ¡Y desearía que fuera usted!
  • —No puedo bajar. Tengo vértigo —se dijo casi a sí misma Regina.
Jesús de Perceval
  • De la noche al día Capirote accedió por fin a salir de su cañón y con más ganas que nunca de volar.
  • La compañía entera se extrañó de que hubiera salido sin que la “mujer de su vida” le encendiera la mecha, como él exigía, pero por si acaso nadie se atrevió a preguntar.
  • Se reanudó el número del hombre bala después del mes y pico que pasó allí metido.
RIKI BLANCO
  • Aquella noche la expectación fue máxima, ya que habían colgado carteles por todo el pueblo anunciando dicho evento.
  • Como siempre, fue Bambino quien se encargó de encender la mecha. El hombre bala volvió a ganarse los aplausos de su público.
  • Todo volvía a ser como antes.
Marc Chagall
  • Lo que todos ignoraban era que para Capirote y Regina había empezado un idilio de amor que se limitaba a una única cita diaria de décimas de segundos, pero era tiempo suficiente para que cuando Capirote, durante la función, pasaba volando al lado de ella, se dieran un beso fugaz y Regina le colocara al vuelo una notita entre su mejilla y la correa del casco.
Irina Vitalievna Karkabi
  • Durante el resto del tiempo alimentaban su deseo recordando aquel instante.
  • Estuvieron así largo tiempo.
  • Siempre sigilosos en su amor de cuentagotas.
  • Hasta que por fin Capirote, con paciencia y dedicación, aprendió a encender sin ayuda de nadie, la mecha de su cañón.

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  • RIKI BLANCO, Cuentos pulga, Thule Ediciones, Barcelona, 2006.
  • Fuente: palabrasmaldichas
Salvador Dali
Gyorgyna Larnia
Fernando Botero
August Macke
James Jacques Joseph Tissot
Georges Seurat
Maria Pace-Wynters
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